Padres Empoderados: creadores de seres felices
- Máster Psicólogo
- 13 may 2020
- 4 Min. de lectura

Cuántas veces al día te sientas con tu hijo o hija a conversar? Sorry, quise decir cuántas veces a la semana? O al mes? Compáralo ahora con las veces que estando juntos están cada uno frente a una pantalla de TV, celular (o teléfono móvil), tableta u otro dispositivo electrónico. Claro, es que nuestros hijos se distraen más y mejor con esos dispositivos, o es que a nosotros nos agrada también estar con nuestros dispositivos. Entonces, ¿quién está formando y educando a tus hijos? Antes eran nuestras abuelas, nanas o señoras de la limpieza, ahora es YouTube, NetFlix, Instagram, TikTok, videojuegos, ITunes, Google, entre otros.
Entre amigos, compañeros, clientes y otros padres he observado que tener hijos llega a considerarse como parte del ciclo evolutivo, mejor propongo que lo veamos como nuestra mejor y más transcendental empresa, aquélla que dará frutos pronto al mundo, especialmente logrará que hagan lo que nosotros aún no hemos logrado, parar la inconsciencia colectiva, las guerras, el poder y el odio, y sustituirla por bienestar, progreso, convivencia, amor y disfrute de la vida y la naturaleza. Cuando veo que estamos más pendientes de Instagram, de la ropa y los viajes de mis amigos en vez de lograr metas propias y disfrutar de cada día, cada amanecer, cada ave volando libre con las montañas de fondo, cada desayuno, almuerzo o cena en familia o con amigos, me detengo a pensar que no hemos logrado parar esta filosofía “material” de la vida. ¿Qué podemos hacer? ¿Estamos a tiempo?
Claro que estamos a tiempo siempre que concienticemos sobre lo que está sucediendo en el mundo y con nuestros hijos, y podemos hacer muchas cosas sin depender de otros. En lo siguiente les propondré algunas recomendaciones en este sentido que no pretenden ser exhaustivas ni exclusivas y sí muy útiles y que me han sido útiles para disfrutar compartir, educar y formar a mi hija.
1) Sé protagonista de la vida de tu hijo, no un espectador. Quiere decir involucrarse en sus actividades cotidianas sin intervenirlas, por ejemplo, despertarlos cada mañana con un beso, los buenos días y expresarles el amor que le tienes, ayudarlos a prepararse para ir a la escuela, los fines de semana desayunar, almorzar, merendar y cenar con ellos, no solo físicamente sino íntegramente (cuerpo y alma). De regreso de la escuela, conversar sobre su día, estimular sus conversaciones sobre emociones, sentimientos e ideas, propiciar su creatividad y elaboración intelectual, jugar con ellos en algún rato del día, darles las buenas noches, un beso sentido y otorgarles la bendición (tradición muy venezolana suprareligiosa). En síntesis, estar en su vida día a día y dejar de ser sólo un proveedor económico o de seguridad familiar y social.
2) Sustituye los premios materiales por reconocimiento y los castigos por estimularles la conciencia de lo que hace y sus consecuencias. En vez de regalarle una muñeca por sacar buenas notas, reconocerle su esfuerzo y méritos escolares o académicos, generando lo que los psicólogos llamamos Locus de Control Interno, es decir, responsabilidad, consciencia personal y ciudadana. En otras palabras, conversarles de la importancia del aprendizaje continuo, del conocimiento y el poder natural de la información, más que de sacar las mejores notas y ser el primero de su clase. Estimula su curiosidad, creatividad, pensamiento analítico y razonamiento, en vez de copiar y seguir estereotipos sociales. Promueve su felicidad y su grandeza como persona por encima de dioses de barro.
3) Forma su consciencia y desarrolla sensibilidad social y ambiental. Nuestros hijos de inicios del siglo XXI deben lograr desarrollar un mundo más amigable y para ello requieren que tú los sensibilices siendo ejemplo de caridad, de generosidad, de inquietud por las injusticias sociales, por el daño irreparable a la naturaleza, por el respeto a las normas y criterios de una convivencia sana y positiva sin discriminar razas, colores, religión, estatus u orientación sexual. Por ejemplo, bota la basura en una bolsa en el carro, autobús o transporte colectivo en vez de hacerlo en las vías o en los jardines. Dá propina a quienes consideras que están en desventaja socioeconómica, con la idea que quieres hacerlo y no por obligación.
4) Permite construir su propia visión del mundo y de la vida. No le impongas tus puntos de vista, solo opina y adviértele que debe eregir su propia opinión de las cosas, apóyale cuando quiera respetar y entender otras opiniones, porque de allí salen los mejores equipos de escuela, universidad y del trabajo. Orientales sobre la idea de aprovechar las ventajas de conocer diferentes ideas, pensamientos o sentimientos.
5) Desarrolla sentido de libertad y de amor por la vida. Estimula en ellos la idea que son creadores de vida y libertad a través de sus acciones y de los oficios que escojan a futuro y que a su vez dichas acciones per se les genere satisfacción y disfrute sin necesidad de ser recompensados por ellos, sino por la simple razón de haber sido creados y ejecutados por ellos. Por ejemplo, construye con ellos cualquier elemento, dibujo, obra y analiza lo que más le gusto y qué cambiarían para hacerlo aún mejor. Muéstrales que son libres de actuar según su criterio, mientras no intervengan ni perjudiquen a terceros (implícito está acatar normas y reglas de cortesía y buena convivencia).
En pocas palabras, si eres feliz por solo ver “ser” a tu hijo o hija, se dará cuenta y querrá también serlo con los demás, siembra amor y pasión por lo que haces y cosecharás una persona íntegra, independiente y feliz. ¿O prefieres formar un ser amargado, infeliz, envidioso, dependiente de lo material y del entorno, insatisfecho y rencoroso?
Comienza ahora y verás que el poeta y filósofo libanés Khalil Gibran tiene razón al decir que “…Tus hijos no son tus hijos, son hijos e hijas de la vida deseosa de sí misma. No vienen de ti, sino a través de ti y aunque estén contigo no te pertenecen. Tú eres el arco del cual tus hijos, como flechas vivas, son lanzados”. ¿No te has dado cuenta que fueron ellos, tus hijos, los que te escogieron a ti y no al revés? Deja de comportarte como si ellos fuesen de tu propiedad, la vida te dio esa bendición tan natural como el agua de manantial, no la despilfarres ni desperdicies la oportunidad de generar en ellos el mismo talento de calmar la sed y servir de fuente de vida para otros".
Dios los bendiga en esta gran empresa que has decidido impulsar.
Juan Andrés Carballo Fargier
Fundador de Máster Psicólogo
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